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epona

Muchas son las deidades que tienen sus orígenes de la antigua cultura Celta; cada una de ellas con poderes fantásticos que se asocian a aspectos diferentes y por lo general con la responsabilidad de mantener el equilibrio en el campo en el que se desenvuelven. Entre ellas encontramos a la Diosa Epona.

Esta deidad que ha resaltado a través de la historia debido a que es una de las que el imperio Romano adoptó entre sus creencias sin importar su procedencia extranjera.

Epona tiene diferentes nombres, en diferentes mitologías, por ejemplo en Irlanda era llamada Edain, en la mitología galesa se llamada Rhiannon y en otros lugares se conoce como Rossette.

Esta diosa representaba a los caballos y todo lo relacionado con estos animales; asimismo era relacionada con la muerte debido a que se creía que guiaba a los muertos en el otro mundo.

A pesar de que las diosas algo más “oscuras” son las que están relacionadas con la muerte, como en el caso de Morrigan, en Epona no es así, ya que su relación con la fantasmal es más bien pacifica.

Su destreza equina en el campo de batalla era impresionante, por lo cual las civilizaciones galo romanas la veneraban con el fin de obtener mejores habilidades de combate a galope.

El culto de Epona abarcó gran extensión territorial y perduró en el tiempo hasta los siglos II y III d. C; o al menos así lo sugieren algunas estatuas y elementos procedente de dichas épocas.

Orígenes y representación de la diosa Epona

Aunque la teoría que presenta más aceptación es que la diosa Epona pertenece originalmente a la cultura Celta en realidad no existen pruebas que argumenten este hecho; lo que quiere decir que en realidad no se conoce con exactitud la procedencia de esta deidad.

En la mayoría de las culturas es representada a horcajadas en un caballo.

No obstante, antes de que llegara a Roma, la figura que la representaba era solo un caballo, lo que sugiere que pertenecía a la mitología Gala, ya que es esta donde las deidades no tienen forma humana.

Llegada a Roma de la Diosa de los caballos

diosa epona

La entrada de la diosa Epona hasta la cultura romana fue dada a través del mismo ejército que más tarde comenzó a venerarla.

En aquel entonces la caballería romana se formaba principalmente por guerreros que no eran nativos de dicha nación, esos puestos eran desempeñados por las personas de tribus o grupos extranjeros que eran conquistados y posteriormente obligados a luchar en nombre de Roma.

Luego de varios años formando parte del ejército, estas personas en cumplimiento de otros requerimientos podían acceder a la nacionalidad, pudiendo establecer su vida dentro de la sociedad a la que ahora pertenecían.

Pese a esto, las creencias tan arraigadas eran difícil de olvidar, por lo cual los soldados seguían con sus prácticas religiosas nativas.

Fue de esta manera que nuevas creencias y deidades llegaron hasta Roma tomando un creciente grado de importancia para los pobladores, quienes las adoptan como suyas y las adaptaron según sus necesidades.

En el caso de Epona su nivel de popularidad fue tan alto y de tan rápida propagación debido a que los ejércitos compartían un deber ecuestre en común, cuyo prestigio era elevado y necesitaban de un guía religioso a quién invocar en medio de la batalla.

Adaptaciones romanas de Epona

El pueblo de Roma desde sus inicios demostró ser tolerante en términos de religión, incluso desde antes de la llegada Epona ya se contaban historias sobre el casamiento de dioses o diosas romanas con deidades que provenían de culturas extranjeras; pues de este modo justifican la adopción de una nueva práctica religiosa que no les pertenece.

Peculiarmente con esta diosa no se produjo un cambio de nombre ni se le atribuyó el casamiento con ninguno de los dioses existentes; es decir que fue aceptada tal como era ella misma y no hubo necesidad de modificarla.

Al principio solo era adorada por los miembros del ejército pero su aceptación fue tal que en poco tiempo los civiles le abrieron las puertas de sus hogares.

Uno de los pocos atributos que le fueron adjudicados (diferentes de los que tenía), fue cuidar las caballerizas de los granjeros, esto quizás debido a que en aquel entonces Roma se desarrolla bajo un entorno agricultor.

En los establos se erigían pequeños santuarios con elementos como estatuas con los cuales las personas también pretendían que la diosa interviniera en la fertilidad de la yegua para que trajera hijos fuertes al mundo.

De acuerdo a esto, podríamos decir que como diosa doméstica era la representación de la abundancia.

En un momento Epona fue la diosa más venerada en Roma, tanto así que en algunas monedas fue impresa su cabeza o imágenes alusivas a ella.